En las Administraciones Públicas se reproducen las mismas dinámicas, roles, costumbres y estereotipos de género que en cualquier otra organización y que en otros ámbitos de la sociedad. Estos roles y estereotipos son la base, en gran medida, de las desigualdades entre mujeres y hombres. Los sesgos de género, las conductas sexistas, y las barreras invisibles (propias y ajenas) influyen, por ejemplo, en la promoción profesional –techo de cristal-, en una segregación o representación desigual según qué ocupaciones profesionales, o en la división tradicional de los roles de cuidado, y explican diferentes situaciones de discriminación directas e indirectas.
Según el III Plan de Igualdad, se observa una mayor presencia de mujeres funcionarias en los cuerpos relacionados con las áreas sociales, sanitarias y administrativas frente a una menor presencia en la mayoría de los cuerpos relacionados con ingeniería o investigación. Además el Plan también refleja que siguen siendo mayoritariamente mujeres quienes solicitan permisos no retribuidos para conciliar.
Por eso, para revertir esos roles, como empleados públicos debemos instar a las administraciones a que desarrollen más políticas públicas, con objetivos generales pero también concretos dentro de la propia administración. Del mismo modo, nosotros debemos asegurarnos de mejorar nuestros conocimientos sobre igualdad de género participando en charlas y coloquios y en distintas formaciones como la de este curso dinamizado.
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